Deforestación baja en Amazonas pero sigue lejos de meta brasileña

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Brasil.- La deforestación en la selva amazónica brasileña disminuyó el año pasado un 16 por ciento respecto al curso anterior, cuando alcanzó un máximo en siete años, pero sigue lejos de las promesas de Brasil de atajar la destrucción del mayor bosque tropical del planeta para 2020.

El corte raso de selva amazónica se situó entre agosto de 2016 y julio de 2017 en los seis mil 600 kilómetros, una caída del 16 por ciento respecto a los casi ocho mil del mismo período de 2015-2016, cuando el Amazonas brasileño tuvo su año más destructivo desde 2008.

Los datos oficiales, publicados por el gobierno, coinciden con las estimaciones de organizaciones no gubernamentales que estudian las tendencias en el Amazonas, como Imazon, que usa datos públicos de satélites internacionales para monitorear la selva, de un tamaño equivalente a Europa occidental.

El ministro de Medio Ambiente de Brasil, Sarney Filho, muy debilitado en el gobierno del presidente Michel Temer por la influencia de los grupos de productores rurales que piden una mayor expansión de las áreas de cultivo, se congratuló ayer de los resultados obtenidos tras la intensificación de las operaciones de combate a la deforestación.

Con todo, las organizaciones ecologistas –que acusan al gobierno de Temer de suponer la mayor amenaza al medio ambiente en Brasil en décadas- advirtieron este día que los resultados están aún lejos de las promesas del país para 2020.

“El dato es un 70 por ciento mayor de lo que determina la ley brasileña del clima, según la cual la devastación debe caer a tres mil 900 kilómetros cuadrados hasta 2020”, señaló el Observatorio del Clima. “La caída del 16 por ciento en 2017 no compensa la subida de más del 50 por ciento en los dos últimos años.

Además de eso, el gobierno Temer sigue vendiendo el Amazonas, el medio ambiente y los derechos de los pueblos tradicionales”, acusó Carlos Rittl, secretario ejecutivo de la organización.

Paulo Barreto, experto en analizar los vectores que impulsan la destrucción de la selva, atribuyó la caída del área arrasada al desplome del precio de la carne de res, ya que la producción bovina en pastos es el principal causante de la deforestación amazónica en Brasil.

“La fiebre bajó, pero el paciente sigue enfermo. La caída fue en parte por la recesión”, señaló. La mayor selva tropical del planeta, que ocupa más del 50 por ciento del territorio brasileño, ha sufrido en los últimos 30 años los efectos de esta tala acelerada y corte raso, que va sucedida muchas veces por la quema de los remanentes del bosque, para abrir áreas de pasto para el ganado bovino o la producción agrícola.

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